LOS PRIMEROS PASOS

Los primeros pasos son todo un hito en el crecimiento del bebé. Marcan el comienzo de una nueva etapa en la cual explorarán el mundo desde otra perspectiva.

Para las madres y padres también es todo un acontecimiento. Por un lado se sienten orgullosos de que su hijo o hija consiga mantener el equilibro sobre sus dos pies, mientras que por el otro surge la preocupación por los peligros que supone esta nueva forma de desplazamiento.

Hay todo un previo al ponerse de pie que cada bebé va haciendo a su propio ritmo. A lo largo del primer año ha conseguido girar sobre sí mismo, sentarse, gatear y mantenerse sobre sus dos pies. El gateo es el paso anterior natural al ponerse de pie, pero algunos niños y niñas lo pasan por alto. Es una etapa muy beneficiosa para el bebé, por lo que no se recomienda apresurarse a poner de pie al niño.

Dar los primeros pasos no significa comenzar a andar. Al principio el bebé buscará el apoyo en objetos (generalmente los muebles) para andar distancias cortas. Irá de la silla a la mesa, de la mesa al sofá e irá haciendo distancias más largas a medida que vaya cogiendo confianza. Lo mismo si le extendéis los brazos andará unos pasitos hacia vosotros (que dicho sea de paso es un momento inolvidable para las madres y padres), pero pueden pasar varias semanas hasta que su hijo o hija consiga caminar sin ayuda.

APRENDIZAJE LÓGICO-MATEMÁTICO

En la educación inicial, se busca que los niños y niñas tengan desarrollados diversas capacidades, conocimientos y competencias que serán la base para su desenvolvimiento social y académico. El área lógico matemático es una de las áreas de aprendizaje en la cual los padres/madres y educadoras/es ponen más énfasis, puesto que para muchos, las matemáticas es una de las materias que gusta menos a los estudiantes, calificándose como una materia “complicada”; cuando en realidad, la forma cómo aprendimos las matemáticas es lo complicado.

Es por ello que actualmente se considera de suma importancia apropiarse de estrategias que se utilizan para enseñar o ser un mediador de dichos aprendizajes. La etapa de 0 a 6 años es la etapa más importante en la vida del ser humano y en la que los aprendizajes son más rápidos y efectivo dado la plasticidad del cerebro del niño, esto además de las estrategias lúdicas que se utilicen con materiales concretos y experiencias significativas para el niño, un clima de enseñanza agradable hará que cualquier materia o aprendizaje sea comprendido e interiorizado de manera sólida.

El aprendizaje de las matemáticas comprende asimilar, conocer, experimentar y vivencia el significado de los siguientes conceptos; entre los principales objetivos de enseñanza destacan:

Identificar conceptos “adelante-atrás”

Identificar “arriba-abajo”

Ubicar objetos: dentro-fuera

Ubicar objetos: cerca-lejos

Ubicar objetos: junto-separado

Reproducir figuras geométricas y nombrarlas.

Clasificar objetos de acuerdo a su propio criterio.

Realizar conteos hasta diez

Comprar conjuntos muchos-pocos

Reconocer tamaños en material concreto: grande, mediano, pequeño

ACTIVIDAD SUGERIDA: “LAS LATAS”

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MATERIALES:

Latas, tapa de plástico, cartulina, cinta adhesiva, telas, corcho, canicas, arroz, macarrones, fideos, piedras, cemento cola, tapones, servilletas.

QUÉ PROCEDIMIENTO LÓGICO TRABAJA:

Con este material lo que se pretende es que los niños y niñas trabajen el concepto de peso, donde podrán comparar que unas latas pesan más que otras a través de la manipulación y experimentación. Además con estas latas el niño o niña tiene la opción de percibir las cualidades de estas y agruparlas según el peso, el color o el sonido (las que suenan y las que no) y realizar construcciones con ellas.

MIL MANERAS DE COMUNICAR

¿Cómo se expresan los niños y niñas?

Hay muchas personas que no comprenden a los niños/as, y que decir de esos padres que no saben que es lo que su hijo/a le está diciendo porque aún no saben hablar. Y es que estamos obsesionados y empeñados en que nuestros hijos hablen, y lo hagan lo más pronto posible. Esto ocurre porque muchos de ellos creen que un niño pequeño no es capaz de comunicarse porque aún no ha aprendido a hablar, y sobre esto hay mucho que decir, porque un niño, incluso un bebé, que no habla se expresa de multitud de maneras para hacerse entender.

Los niños están biológicamente predispuestos para comunicar, es decir, desde que nacen tienen esa capacidad para expresar que les pasa o que es lo que quieren.

El niño desde que nace emplea su cuerpo como recurso para comunicarse, el lenguaje corporal es el más natural. Se trata del primer sistema de comunicación que nos podemos encontrar. Es un lenguaje espontáneo que no tiene ningún código establecido para que se pueda entender. Con él se transmiten sentimientos o emociones, por ejemplo un bebé que tiene hambre o sueño solamente le basta con llorar para que sus padres sepan lo que quieren. Se trata de un lenguaje claro y directo. Luego también están los padres impacientes que si el niño/a llora, llora y llora aunque esté cubierta esa necesidad se desesperan, puede ser que le ocurra otra cosa, y para ello tenemos que tener la habilidad y paciencia necesarias para intentar comprender al pequeño/a.

El niño durante sus primeros años de vida necesita desarrollar su motricidad, y a través del lenguaje corporal lo puede lograr, ya que este se presenta de forma natural, propio a cada edad del niño. Además ayudará al niño a conocer su entorno y a favorecer su autoestima y cooperación con los demás.

No debemos olvidar que el niño se expresa, hasta ahora, de la única manera que sabe, y tiene que sentirse escuchado, es decir, tenemos que saber interpretar sus acciones sin invadirlas, porque ya sabemos que el “como” hacemos las cosas, es mucho más importante que el “porque”.

Para que el niño se sienta seguro, debemos crear un clima de confianza, en el que el niño sea capaz de comunicar y sentir la seguridad de que se va a expresar. No podemos coartarle, ni anticiparnos a sus gestos o palabras, ya que de esta manera el niño/a se acomoda y como se lo damos todo hecho no es capaz, muchas veces de esforzarse.

También es muy importante a la hora de que el niño/a comienza a hablar, le transmitamos un lenguaje claro y conciso, sin acortar palabras ni abreviaturas para que él/ella lo entiendan mejor, como cuando les decimos “bibe” o “bibi” en vez de biberón, o “papes” en vez de zapatos, este es otro gran error que los adultos cometemos, creemos que de esta manera ellos/ellas nos van a entender mejor, y no es así, lo único que hacemos es confundirles más todavía. Porque un niño/a comprende perfectamente todo lo que le decimos, y no vamos a crearles más desconcierto de los que ya tienen a la hora de comenzar a hablar. Nosotros como adultos y futuros educadores/as debemos tratar al niño/a con educación, y cuando se equivoque no debemos corregirle, trataremos de responderle con las palabras adecuadas a lo que en ese momento nos ha querido decir, por ejemplo, cuando un niño/a nos dice: “he descubrido…”, nosotros no debemos decirle que se ha equivocado y corregirle con la palabra correcta, en su lugar, le contestaremos con una pregunta para que él/ella cree la respuesta adecuada.

Como ya hemos visto los niños/as son capaces de comunicarse de mil maneras, no existe una sola manera de expresión, pero los adultos y sobretodo la escuela los limita, y nosotros como futuros educadores/as tenemos una labor muy importante que cumplir, y que no podemos olvidar.

LA MANO DE LA EDUCADORA

En “la mano de la educadora” se intenta demostrar mediante ejemplos observados en la práctica, que durante la atención que procesamos al bebé, el contacto corporal puede llegar a ser molesto e incluso puede provocar sentimientos de frustración en el bebé, y en este capítulo nos enseña lo que podemos hacer para que este contacto ejerza su verdadera función.

El bebé expresa con su comportamiento lo que experimenta cuando el adulto lo toca, lo coge en brazos o lo mueve. El bienestar del niño/a depende de cómo el adulto le toque, le coja o le mueva.

Con movimientos agradables el bebé se relaja, y se puede decir que se prepara para que el adulto lo toque, de un modo casi automático continua los movimientos iniciados por el adulto. Las experiencias agradables enriquecen la relación bebé-adulto, mientras que las desagradables inquietan al bebé, le crean ansiedad, incluso llega a desconfiar del adulto.

La fuente de experiencias desagradables pueden ser los movimientos rutinarios, mal aprendidos del educador/a. La repetición de movimientos que se producen en el trabajo, precisamente por su carácter repetitivo, se vuelven más breves, más rápidos, más eficaces y por consiguiente, más automáticos. En el trabajo del educador/a ocurre esto, porque sus movimientos se vuelven más rápidos y automáticos a la hora del cambio de pañal o de vestir al bebé. Algunos de estos gestos rutinarios van a impedir que el niño/a desarrolle su actividad con el fin de que el trabajo sea más rápido. Estos gestos suelen ser bruscos y desagradables, y hacen que el bebé no se sienta a gusto durante el rato que le estamos dedicando, además también quedan excluidas otras formas de relación, como el intercambio de miradas.

La manera de tratar al bebé, contiene para este, numerosas informaciones. Los movimientos tiernos y delicados expresan interés y atención, mientras que los bruscos son señal de desatención, indiferencia o impaciencia. Por ejemplo, cuando el educador/a llama por su nombre al bebé y este le contesta con la mirada, ya se prepara para que el adulto lo coja en brazos, el adulto espera su participación. Pero si por el contrario, el educador/a coge al bebé entre sus brazos de forma inesperada, significa que el adulto no espera su colaboración ni le concede el tiempo necesario para prepararse para ese gesto, en este caso se considera al niño/a como un objeto sin valor y sin necesidad de ser tratado con ternura.

Los/as pequeños/as educados en nuestras instituciones experimentan este tipo de gestos mal ejecutados, que no aseguran una relación afectiva entre el bebé y el adulto. Por ejemplo a la hora de limpiarle el culito, que lo coge de tal manera que el bebé no tiene la posibilidad de expresarle con la mirada lo que puede estar sintiendo en ese momento, o a la hora de la comida, cuando el adulto se pone al niño/a en sus rodillas sujetándole el brazo, para que el niño/a no pueda moverse, y por lo tanto no podrá expresar si le gusta la comida o no, estos gestos demuestran que el adulto no está interesado/a en conocer la voluntad o necesidad del bebé.

Las experiencias prueban que todas las malas actitudes en el trabajo pueden evitarse y que el educador/a es capaz de deshacerse de los gestos rápidos, mecánicos y mal aprendidos, pero este último proceso es difícil de llevar a la práctica de una forma aceptable.

Para deshacerse de las malas costumbres es necesario que el educador/a cambie de actitud. El interés, los esfuerzos y la verdadera cooperación le harán las manos sensibles, delicadas y tiernas. La ternura de la mano ejerce un papel muy importante, al igual que los movimientos que comunican seguridad.

La descripción detallada y minuciosa se estos movimientos aparecen en el manual, que enseña al educador/a a levantar, coger, sostener y ocuparse del ritmo que le conviene al bebé, para favorecer el acercamiento al adulto. Así, por ejemplo el educador/a siempre llamará por su nombre al bebé que se dirija, realizará con más lentitud la acción de sus movimientos, permitiendo la participación del niño/a.

Si el educador/a ejecuta sus movimientos teniendo en cuenta movimiento-respuesta del niño/a, si modifica sus gestos conforme lo van pidiendo los del bebé, le está otorgando la posibilidad de participar cada vez más en las diversas operaciones de la atención.

El educador/a aprende a llamar al niño/a, a darle alguna cosa y a pedírselo. El gesto de la demanda ejerce un papel importante en la relación educador/a-niño/a, expresa que el adulto espera la respuesta del niño/a, esta actitud a la vez sirve de ejemplo para el niño/a, ya que en un momento determinado el niño/a quiere un juguete de otro/a, se lo pedirá en vez de cogerlo.

La atención del educador/a no será completa si se da solamente con los ojos y el oído (palabras y sonrisas), es necesario además unas manos que esperen respuesta y que estén siempre dispuestas a recibirla

Estos gestos demostrarán tranquilidad, alegría y la participación activa en el comportamiento del educador/a.